El duque Alfonso no escaseó gasto alguno para hacer que se representaran dichas comedias, é hizo que se levantase un teatro en un salon de su palacio segun los planos del mismo poeta, el cual se esmeró tanto en su construccion, que por aquel tiempo no se conoció otro tan bello ni magnífico. En él se representaron varias veces con extraordinario aplauso y en presencia de muchos príncipes las cuatro comedias citadas, tomando parte en su ejecucion los personajes más notables de la corte, segun era costumbre en aquellos tiempos; y hasta el príncipe D. Francisco, uno de los hijos del Duque, no se desdeñó de recitar el prólogo de la Lena, la primera vez que esta obra se puso en escena en el año 1528.
Ariosto intentó componer un nuevo poema, ó más bien ampliar su Furioso, añadiendo los cinco cantos que despues de su muerte fueron impresos á continuacion del poema primitivo. Otras muchas cosas escribió, además de las publicadas, para ejercitarse en la poesía ó como meros ensayos; y sábese especialmente que, para adiestrarse en la invencion de su Furioso, se dedicó á la traduccion de varios libros novelescos, así españoles como franceses. Por complacer al Duque y quizá tambien por su propia conveniencia, se ocupó asimismo en arreglar á la escena italiana muchas comedias de Plauto y de Terencio, cuyos ensayos seria de desear que no se hubiesen perdido, por más que el Poeta los tuviese en poco, aunque solo fuese porque, merced á ellos, tendríamos una nueva y respetable interpretacion de muchos pasajes oscuros y difíciles de los clásicos latinos.
Los primeros ingenios de su tiempo apreciaron cual se merecian las valiosas dotes de nuestro Poeta, el cual vivió con ellos en cordial amistad, presentándonos un honroso recuerdo de esta en su poema. Pero más particular y hasta cariñosamente fué amado, querido y admirado de los principales señores de Europa, entre los cuales podemos citar, además de su señor natural, el Duque de Ferrara, que le distinguió más que cuantos en este ducado tenian á gala proteger las artes y la literatura, á Juan de Médicis, que fué despues Papa con el nombre de Leon X; á los cardenales Gonzaga, Farnesio, Salviatti, Bibiena y Campeggi; al marqués del Vasto y todos los señores de la corte de Urbino; á otros muchos príncipes y reyes que le ofrecieron un lugar honroso en sus cortes, y para terminar de una vez, al emperador Cárlos V, el cual, encontrándose en Mantua en noviembre de 1532, quiso honrarle públicamente colocándole por su propia mano una corona de laurel en la cabeza.
Poco más de un mes haria que habia cumplido los 58 años, cuando apenas terminada la impresion de su poema corregido y ampliado, empezó á sentir los primeros síntomas de una enfermedad que le condujo en ocho meses al sepulcro. Los principales médicos de Ferrara que le asistieron la juzgaron desde luego incurable. La calificaron de una obstruccion en el cuello de la vejiga, y queriéndola combatir con bebidas aperitivas, le estropearon el estómago: acudiendo entonces á atajar esta nueva indisposicion, tanto le estragaron, que al fin resultó ético. Supúsose que su mal habia tenido principio en la noche que precedió al último dia del año 1532, no porque entonces empezara á sentirse de él atacado, sino porque en aquella noche se agravó de manera, que desesperó ya de recobrar la salud. Ocurrió la citada noche que, prendióse fuego en una tienda situada en la galería del patio ducal frente á la Catedral, y corriéndose las llamas á las tiendas contiguas, ardieron todas en tres dias y con ellas los salones del palacio que sobre ellas habia, juntamente con el teatro que el Duque habia hecho construir pocos años antes en aquellos salones para la representacion de las comedias de Ariosto. Desde entonces la enfermedad hizo rápidos progresos, y despues de haberle extenuado completamente, le ocasionó la muerte el dia 6 de Junio de 1533. Cuatro hombres trasladaron su cadáver desde la casa mortuoria, situada en la calle del Mirasol, hasta la iglesia vieja de S. Benito, alumbrado tan solo por dos hachas, pero acompañado espontáneamente por los monjes y enterrado en dicha iglesia tan sencillamente como habia querido y prescrito.
Su hermano Gabriel deseó hacerle un sepulcro proporcionado á su cariño y al mérito del Poeta, pero no le ayudaron los medios. Su hijo Virginio se propuso trasladar sus restos á una capilla que habia levantado en el huerto de la casa paterna; mas los monjes se opusieron tenazmente á ello. Cuarenta años permanecieron los huesos de Ariosto en tan humilde sepultura, aunque visitados y honrados por muchos poetas, que le dedicaron composiciones latinas é italianas. Agustín Mosti, noble ferrarés, discípulo de Ariosto, determinó erigirle á sus expensas un sepulcro más decoroso, y lo construyó en efecto en la iglesia nueva de dichos monjes, todo de mármoles finísimos, y adornado de figuras y elegantes tallados, descollando en su parte superior la estátua del Poeta, de mayor tamaño que el natural. En 1612, uno de de sus descendientes, llamado como él Ludovico, le erigió otro sepulcro en la misma iglesia, mucho mejor por la calidad de los mármoles y por su belleza arquitectónica, y se trasladaron de nuevo á él sus cenizas, donde reposan hasta hoy dia.
Mucho nos quedaria que decir aun si quisiéramos ocuparnos minuciosamente de cuanto tiene relacion con el poeta ferrarés. Nos limitaremos á manifestar, que en sus poemas y especialmente en sus sátiras nos dejó una exposicion clara é ingénua de las dotes de su ánimo, conformes á la más rigurosa moral, y nos aventuramos á decir que, si viviese en nuestros dias, hubiera ofrecido un ejemplo digno de imitar, y habria descollado sin duda alguna entre los hombres de fama mejor sentada. Los escritores contemporáneos de Ariosto ponderan la afabilidad de su trato, la delicadeza y lealtad de sus acciones, su diligencia en complacer á cuantos hacian uso del favor que gozaba con el Duque, su modestia y su respeto hácia todos, su justicia, su mansedumbre y su agrado. Ensalzaban asimismo su moderacion en el deseo de gracias y honores, y aseguraban, que dándose por satisfecho con una modesta riqueza, aborrecia los bienes adquiridos por medio de las bajezas ó las humillaciones. Amigo de la sobriedad, despreciaba los esquisitos manjares de los banquetes solemnes. Le suponian experto y sagaz, profundo conocedor de los cortesanos y del carácter de los hombres que habia tratado; de imaginacion rápida, y agudo y hasta chistoso en sus palabras; inclinado al estudio y á la contemplacion; enemigo de la ociosidad, de las vanas ceremonias, y sobre todo de las adulaciones palaciegas; amante en extremo de su patria, fiel á sus príncipes, y constante en su amistad.
En muchos pasajes de sus poesías se manifiesta inclinado á los galanteos amorosos; pero aun cuando hubiese sido tal como él mismo confiesa, créese que se separó algun tanto de la verdad por capricho, y por dar belleza y amenidad á sus poéticas fantasias como lo exigía el carácter y la libertad de su siglo. Parece á muchos censurable que ciertos trozos de sus poesías no puedan leerse por todos sin perjuicio de la honestidad; pero debe tenerse presente que en su tiempo no sucedia lo mismo, como hoy no lo es entre ciertos isleños la desnudez que no tolerarian los europeos. Ariosto fué siempre cauto y reservado en cuanto se relacionaba con sus amores: tuvo dos hijos naturales, Virginio y Juan Bautista: el primero, nacido de una amiga, llamada Ursulina, fué canónigo de la Catedral de Ferrara; y el segundo, de madre ignorada, capitan de la milicia del Duque. De su mujer legítima, Alejandra Benucci, florentina, no se sabe que tuviese descendencia.
Por último, aun cuando á nuestro Poeta no se le ocurrió hacer gala de un valor que se avenia mal con su carácter pacífico, debemos hacer constar con el Pigna, uno de los escritores contemporáneos, que tomó parte en un combate naval contra las fuerzas del papa Julio, ó más bien contra las de la República veneciana, en el cual dió evidentes pruebas de bravura, resistiendo valerosamente con otros caballeros, y logrando apoderarse de un bajel enemigo, cargado de pertrechos y de toda clase de víveres de boca y guerra. Por lo demás, basta la energía que demostró para limpiar el territorio de la Garfagnana de los bandoleros y facciosos que lo infestaban, para dejar sentado que el valor no era una de las cualidades que menos resaltaban en el inmortal autor de Orlando furioso.
ORLANDO FURIOSO.