Brandimarte, que amaba á Orlando como á sí mismo, no pudo permanecer sin él; y bien fuese porque le sonrojaran los denuestos y amenazas que se dirigian á su amigo, ó bien por abrigar la esperanza de hacerle volver, alejóse en su busca en cuanto aparecieron las primeras sombras de la noche, sin participar á Flor-de-Lis su intento, á fin de que no se lo estorbara.
Era Flor-de-Lis una doncella á quien amaba en extremo Brandimarte, y á la verdad con justo motivo, pues no solo estaba dotada de belleza, gracias y donosura; sino tambien de prudencia y perspicacia. Si su amante no se despidió de ella, consistió únicamente en que esperaba volver á su lado al dia siguiente; pero los sucesos que sobrevinieron contrariaron su propósito. Cuando vió Flor-de-Lis que transcurria un mes entero sin que él regresara, no pudo resistir á la inquietud ni al deseo de estar en su compañía, y marchó en su seguimiento sin guia, completamente sola. Muchos fueron los paises que recorrió buscándole, como diré cuando sea ocasion oportuna: por ahora dejaré de ocuparme de ambos, por ser más necesario referir lo que importa al caballero de Anglante; el cual, una vez que se hubo despojado de los gloriosos blasones de los Almontes, se dirigió hácia una de las puertas de París, y diciendo en voz baja su nombre al capitan de guardia, hizo que le bajaran el puente levadizo, y emprendió el camino que conducia más directamente al campo enemigo. Lo que despues le aconteció, se verá en el canto siguiente.
CANTO IX.
Tanto camina Orlando, que al fin llega á un sitio donde le refieren la historia de Proteo y de la isla de Ebuda.—Conmovido por la narracion de las desgracias de Olimpia, decídese á combatir contra el rey Cimosco, que tenia encerrado en una oscura prision al esposo de aquella princesa.—Cumple su promesa y se aleja de Holanda.—Bireno y Olimpia pasan á Zelanda para celebrar nuevamente sus bodas.
¿Qué no será capaz de hacer un corazon á quien haya rendido el pérfido y cruel Amor, cuando este fué causa de que Orlando diera al olvido la lealtad que á su señor debia? Hasta entonces habia sido prudente, respetuoso y acérrimo defensor de la santa Iglesia; más ahora, enloquecido por una insensata pasion, ni se cuida de Dios, ni de su tio, ni siquiera de sí mismo. Por mi parte no puedo menos de excusarle, y hasta me halaga tener tal imitador de mi principal defecto; pues tambien yo soy descuidado y refractario al bien, mientras que corro dispuesto y ágil tras aquello que me perjudica.
Cubierto con su negra armadura abandonó Orlando á Paris, dejando allí sin sentimiento á sus muchos amigos, y se dirigió hácia donde los soldados de España y África estaban acampados, ó mejor dicho, donde estaban guarecidos bajo los árboles, y restos de tiendas, formando grupos de veinte, diez, ocho, siete y hasta cuatro guerreros; pues hasta tal extremo los habia diseminado la lluvia. Más ó menos distantes entre sí, ninguno podia entregarse á su satisfaccion al descanso, y dormian apoyados en el codo ó tendidos en tierra. En aquella ocasion propicia le hubiera sido muy fácil al conde exterminar impunemente un gran número de adversarios; pero no quiso desenvainar su Durindana.
Llevado de la nobleza de su corazon, se resistió á acuchillar á sus enemigos dormidos, y se puso á buscar por todas partes las huellas de su amada. Si encontraba alguno despierto, le daba las señas de Angélica, y le suplicaba por favor que le indicase el sitio donde podria encontrarla. Luego que fué de dia, recorrió todo el campamento sarraceno, lo cual pudo efectuar sin riesgo alguno, merced á la arábiga armadura de que iba revestido, así como á sus conocimientos en el idioma africano que hablaba con tanta perfeccion, que se le hubiera creido nacido y educado en Trípoli.
Sus minuciosas pesquisas le detuvieron tres dias en aquel campo, sin conseguir resultado alguno: despues, no solo fué registrando todas las ciudades y pueblos de Francia y sus distritos, sino que examinó cuidadosamente hasta la más apartada aldea de la Auvernia y la Gascuña, y continuó sus exploraciones desde la Provenza hasta los confines españoles.
Cuando Orlando empezó su peregrinacion era la época en que termina Octubre y empieza Noviembre; la estacion en que los árboles se ven despojados de sus hojas, y van poco á poco descubriendo sus ramas hasta que quedan desnudos del todo; esa estacion en que los pájaros se dirigen formando compactas y numerosas bandadas en busca de climas más templados. Transcurrió todo el invierno sin que el enamorado guerrero cesara en su tarea, y en ella le sorprendió todavia la primavera.