»Con este ardid infame consiguió derrotar dos veces á nuestro ejército, y dar muerte á mis hermanos: en el primer encuentro, sucumbió el mayor con el pecho traspasado por una bala que le atravesó la coraza; en el combate siguiente, pereció el segundo mientras iba huyendo, por haberle alcanzado otra bala que le entró por la espalda y le salió por el pecho. Defendiéndose otro dia mi padre en el único castillo que le quedaba, por haberle despojado su enemigo de cuanto poseia, fué muerto del mismo modo; pues en ocasion en que iba de un lado para otro, atendiendo á todo y dando sus órdenes, recibió en medio de la frente un tiro fatal, dirigido por el traidor, que le estuvo apuntando desde léjos.
»Muertos mi padre y mis hermanos, y habiendo quedado yo por única heredera de la isla de Holanda, el rey de Frisia, que tenia deseos de fijar definitivamente la planta en mis estados, me hizo saber, así como á todos mis súbditos, que me otorgaria la paz con tal de que aceptara lo que antes rechacé y consintiera en ser esposa de su hijo Arbante. La respuesta que le dí fué inspirada, no tanto por el odio que sentia intensamente hácia él y hácia toda su inícua estirpe, que habian dado muerte á mi padre y mis dos hermanos, y saqueado, destruido é incendiado á mi patria, como porque no quise faltar á la promesa que habia hecho á Bireno de no casarme con nadie hasta su regreso de España. Así pues, le contesté, que el dolor que padecia me daba fuerzas para soportar otros ciento, y cuantos pudieran ocasionárseme, y que antes que acceder á su demanda, preferia la muerte, que me quemaran viva y esparcieran al viento mis cenizas.
»Mis súbditos procuraron apartarme de tal propósito, unos por medio de ruegos, y amenazándome otros con entregarme al príncipe, entregándole al mismo tiempo mis estados, antes de que mi obstinacion ocasionara la ruina de todos. Cuando vieron que tan inútiles eran sus ruegos como sus amenazas, y que seguia firme en mi resolucion, pusiéronse de acuerdo con el rey de Frisia á quien entregaron la fortaleza juntamente con mi persona, conforme habian dicho. El Rey portóse cortesmente conmigo, y prometió conservarme la vida y el reino, con tal de que torciera mi voluntad y diera la mano á su hijo Arbante. Al verme obligada á ceder á la fuerza, anhelé la muerte, que por lo menos me devolveria la libertad; pero el deseo de la venganza me estimulaba más que cuantas injurias habia recibido. Forjé en mi mente mil proyectos, y comprendí por último que el disimulo seria el partido mejor que en mi desesperada situacion abrazar pudiera; y decidida á adoptarlo, finjí que deseaba acceder á sus instancias, que no podian menos de serme gratas, y que, concediéndome su perdon, me uniera á su hijo.
»Persistiendo siempre en mis propósitos, escogí, entre los muchos servidores de mi padre, dos hermanos dotados de singular ingenio y de gran corazon, pero más aun de una lealtad á toda prueba, por haber sido criados en la corte, y haber vivido á nuestro lado desde su más tierna infancia; tan adictos á mi persona, que no hubieran titubeado en ofrecer su vida por salvarme. A ellos, pues, comuniqué mis designios, y como esperaba, ofreciéronme su incondicional ayuda. Uno de los dos pasó á Flandes, donde aprestó un bajel; al otro le conservé á mi lado en Holanda.
»En tanto que los extranjeros como los del país se preparaban para solemnizar mis bodas, llegó la noticia de que Bireno estaba reuniendo en Vizcaya una flota para venir á Holanda. Estos preparativos eran á consecuencia de un aviso que determiné enviarle por medio de un mensajero, apenas terminó la primera batalla en que fué derrotado y muerto un hermano mio; pero mientras Bireno procuraba reunir aquella armada, tuvo tiempo el rey de Frisia de conquistar todos nuestros estados. Mi amante, ignorando esta circunstancia, continuaba alistando bajeles y soldados; y teniendo conocimiento de ello el Rey frison, dejó al cuidado de su hijo los preparativos de nuestro casamiento; hízose despues á la mar con todos sus buques; salió al encuentro del Duque, y atacándole con ímpetu, quemó y echó á pique toda su flota, y le hizo prisionero. ¡Así lo tenia dispuesto el destino!
»Aun no habia llegado á mi noticia este desastre, cuando me ví obligada á casarme con el Príncipe, el cual quiso usar aquella misma noche de sus derechos de esposo. Yo habia ocultado detrás de las cortinas del lecho nupcial á mi fiel criado, que no se movió hasta que vió al Príncipe dirigirse á mí; y no teniendo paciencia para esperar á que este se acostara, se lanzó hácia él, y con brazo vigoroso le hendió de un hachazo la cabeza, arrancándole la vida y la palabra á un tiempo mismo: inmediatamente salté del lecho, y tuve valor para cortarle al cuello. Aquel príncipe mal nacido cayó á mis piés, como cae el toro bajo la maza del carnicero, vengándome así del inícuo rey Cimosco: este era el nombre del impío rey de Frisia, que habia sacrificado á mi padre y mis dos hermanos, y que para tener un pretexto de apoderarse de mis dominios, pretendia casarme con su hijo, con la intencion quizás de arrancarme tambien algun dia la vida.
»Antes de que se atravesara cualquier obstáculo, recogí cuantos objetos de valor hallé á mano, y en seguida mi compañero me descolgó por una ventana, atada á una cuerda, dirigiéndonos aceleradamente al sitio donde nos esperaba su hermano con la embarcacion que habia aprestado en Flandes. Desplegamos las velas, empuñamos los remos, y nos pusimos en salvo como á Dios plugo.
»No sé si pudo más en el rey de Frisia el dolor que le causara la muerte de su hijo, ó la ira que contra mí debió inflamarle, cuando regresó al dia siguiente al sitio testigo de mi venganza. Volvia orgulloso con la victoria alcanzada, y trayendo á Bireno cautivo; mas se encontró con un espectáculo funesto, cuando esperaba hallar bodas y festejos.
»Por algun tiempo atormentóle noche y dia el recuerdo de su hijo y su odio rencoroso contra mí; pero como el llanto no consigue devolver la vida á los muertos, y con la venganza se suele aplacar el odio, determinó unir aquella parte de su imaginacion consagrada á llorar la muerte del Príncipe con la que me dedicaba su furor, á fin de calcular los medios de que habria de valerse para apoderarse de mí y castigarme cruelmente. Por de pronto, mandó degollar, quemar vivos ó encarcelar á cuantos le habian indicado como partidarios mios ó que me habian prestado algun auxilio en mi empresa. Propúsose despues matar á Bireno para vengarse de mí, suponiendo que seria el sentimiento más cruel que pudiera causarme; pero reflexionando que mientras estuviera en su poder podria servirse de él como de un medio eficaz para hacerme caer en los lazos que me tendiera, le conservó la vida, imponiéndole sin embargo una condicion cruel y dura. Le dió un año de término, al fin del cual lo sacrificaria irremisiblemente, si antes no procuraba por fuerza ó por astucia, ó bien valiéndose de sus amigos y parientes y empleando todos los medios que estuvieran á su alcance, entregarme en sus manos: de modo que mi muerte era lo único que podia salvar su vida.