»Un dia en que aquella maga, llamada Melisa, me encontró fuera del palacio, y me pudo hablar con toda tranquilidad, halló medio de convertir mi paz en guerra, y de arrancar con el áspero aguijon de los celos la confianza arraigada en mi corazon. Empezó por alabar mi propósito de ser fiel á quien lo fuese conmigo, y despues añadió:

—»Pero tú no puedes decir que tu esposa guarda la fé jurada, mientras no veas una prueba fehaciente de su lealtad. Porque ella no comete falta alguna, cuando podria faltar, te figuras que es leal y pudorosa; pero ¿en qué fundas esa creencia, para decir y asegurar que tu mujer es un modelo de castidad, cuando no te separas un momento de su lado, ni le permites que vea á ningun hombre? Aléjate un poco; aléjate de tu casa; haz circular por ciudades y aldeas la noticia de tu ausencia, y que tu mujer ha quedado sola; deja que los amantes y sus tiernas epístolas lleguen hasta ella, y si, resistiendo á las súplicas y á las dádivas, no mancilla el lecho conyugal, ó si, mancillándolo, cree que su falta permanecerá oculta, entonces podrás decir que te es fiel.»

»La encantadora no cesó de hablarme de este modo, hasta que me predispuso á poner á prueba la fidelidad de mi mujer.

—»Supongamos, le dije, que mi esposa sea tal cual yo no puedo creerla: ¿cómo podré convencerme despues de que es digna de premio ó de castigo?»

»Melisa me contestó:

—»Yo te daré una copa, de una propiedad extraordinaria: la copa que en otro tiempo hizo Morgana para descubrir á su hermano la traicion de Ginebra. El que tiene una mujer honesta, bebe en ella sin trabajo; pero el marido burlado no puede aproximarla á sus lábios sin que antes se vierta el vino que contiene y se le derrame por el pecho. Antes de partir harás la prueba, y segun lo que presumo, beberás fácilmente, pues estoy en la creencia de que tu mujer está aun pura de toda mancha: así verás el efecto de esa copa. Pero si al regresar repites la prueba, no espero ver tu pecho tan limpio; á pesar de que si no queda empapado en el vino, y bebes sin dificultad, podrás considerarte como el más feliz de los maridos.»

»Acepté sin vacilar la oferta. Melisa me entregó la copa: hice la prueba, y dió el resultado previsto, atestiguando, conforme á mis deseos, la honradez y fidelidad de mi dulce consorte. La maga exclamó entonces:

—»Déjala algun tiempo sola: permanece separado de ella uno ó dos meses: vuelve despues, coge el vaso de nuevo, y prueba si bebes, ó si te mojas el pecho.»

»A mí se me hacia muy duro el partir, no tanto por demostrar de este modo mis dudas sobre la fidelidad de mi mujer, como porque no podia resolverme á permanecer dos dias, ni siquiera una hora, lejos de ella. Advirtiéndolo Melisa, dijo:

—»Yo haré que conozcas la verdad por otros medios. Quiero que mudes de voz y de traje, y que te presentes á tu esposa bajo la figura de otro caballero.»