»Si el lecho de Flor-de-Espina habia sido la noche anterior testigo de sus quejas y suspiros, en aquella lo fué de nuestras risas, fiestas y suaves placeres. Los flexibles acantos no entrelazan más estrechamente con sus nudos las columnas y los capitales, como pasamos toda la noche Flor-de-Espina y yo en brazos uno de otro.
»Oculto entre ambos el secreto de nuestro amor, disfrutamos de sus placeres por espacio de algun tiempo; mas no faltó quien lo descubriera, y hasta llegó á oidos del Rey, por mi desgracia. Vos, señor, que me habeis arrancado de las manos de los que encendieron la hoguera en la plaza, comprendereis fácilmente el resto; pero solo Dios conoce el desconsuelo en que he quedado.»
Rugiero y Riciardeto llegan al castillo de Agrismonte.
(Canto XXV.)
En tales términos refirió Riciardeto sus aventuras á Rugiero, haciendo con este relato menos pesada su nocturna marcha, mientras subian por un monte rodeado de peñascos y precipicios. Un escarpado sendero, angosto y lleno de rocas, les abria camino con fatigosa llave. En la cima de aquel monte se asentaba el castillo de Agrismonte del que era gobernador Aldigiero de Claramonte: este era hijo bastardo de Buovo y hermano de Malagigo y de Viviano, aunque algunos, con temerario aserto, han asegurado que era hijo legítimo de Gerardo. Pero fuese lo que quiera, lo cierto es que era valeroso, prudente, liberal, cortés y humano, y guardaba dia y noche cuidadosamente el castillo fraternal. Aldigiero, que amaba en extremo á su primo Riciardeto, dispensó á Rugiero la cortés acogida que le era debida, y Rugiero le correspondió del mismo modo por respetos á su jóven compañero. Sin embargo, no salió á su encuentro tan alegremente como solia, sino que los acogió con triste semblante, por haber recibido aquel dia una noticia que anubló la ordinaria serenidad de su corazon y de su rostro. En vez de saludar á Riciardeto, le dijo:
—Primo mio, tenemos malas noticias: he sabido hoy por conducto de un mensajero de toda confianza, que el infame Bertolagio de Bayona ha convenido con la cruel Lanfusa en que le haria presentes de gran valor, con tal que ella le entregara á nuestros dos hermanos Malagigo y Viviano. Desde el dia en que Ferragús los hizo prisioneros, los ha tenido Lanfusa encerrados en un sitio malsano y privado de la luz del dia, hasta el momento en que ha ajustado con Bertolagio el pacto bárbaro y desleal de que te hablo. Mañana los debe entregar al de Maguncia en uno de sus castillos, situado en los confines de Bayona. Él mismo debe ir en persona á pagar el precio de la sangre más ilustre que existe en Francia. Acabo de avisar á nuestro Reinaldo lo que ocurre, por medio de un mensajero diligente; pero no creo que pueda llegar á tiempo, porque el camino es largo y penoso. No cuento con bastante gente para salir de estas murallas, y si bien mi deseo es grande, los medios no me acompañan. Si aquel traidor logra tenerlos en su poder, los inmolará sin remedio: así es que no sé qué hacer ni qué decir.
Mucho afligió á Riciardeto tan triste nueva; y Rugiero, al ver pesaroso á su amigo, se contristó tambien; mas observando que uno y otro guardaban silencio, y que no se les ocurria ningun medio para evitar aquel conflicto, les dijo con su decision habitual:
—Calmad vuestra inquietud; que yo solo me encargo de esta empresa: este acero que veis valdrá por mil, tratándose de libertar á vuestros hermanos. No necesito más gente ni más ayuda; pues me considero bastante para cumplir yo solo lo que ofrezco: únicamente os pido un guia que me conduzca al sitio donde debe tener efecto el cange, y en cambio os prometo que desde aquí habeis de oir los gritos de cuantos presencien tan impía accion.
Así exclamó, y por cierto que no dijo una cosa nueva para Riciardeto, que ya habia tenido ocasion de ser testigo de sus proezas; pero Aldigiero le oia como se suele escuchar á un hombre que habla mucho y sabe poco. Riciardeto le llamó aparte y le refirió cómo, merced á él, acababa de librarse de las llamas, asegurándole que cuando llegara la ocasion sabria hacer mucho más de lo que prometia. Entonces Aldigiero le escuchó con mayor atencion, formó de él el concepto que por su valor merecia, y le ofreció una cena abundante y espléndida en la cual le dispensó los mismos honores que si fuese su señor. Habiendo convenido, por último, en que era posible rescatar á los dos hermanos sin necesidad de más ayuda, se retiraron á descansar, y pronto cerró el sueño los párpados de todos los moradores del castillo, excepto los de Rugiero, que permaneció despierto, molestado por una punzante idea Pesaba cual una losa sobre su corazon la noticia del peligro en que se hallaba Agramante, segun le habia participado aquel mismo dia el mensajero de dicho rey. Veia claramente que la menor demora en socorrerle redundaba en su deshonor, y consideraba con espanto la infamia, el escarnio que sobre él recaerian, yendo con los enemigos de su señor. ¡Y cuán grande no seria su falta, y el desprecio con que todos le mirarian, si escogiera tal momento para bautizarse! En cualquiera otra circunstancia hubiérase creido que su conversion era inspirada por una verdadera fé; pero entonces, cuando más necesitaba Agramante de su auxilio para romper el cerco en que le tenian estrechado, todos hubieran creido que la cobardía y la pusilanimidad, y no la conviccion de abrazar una creencia más pura, eran los móviles verdaderos de su determinacion.
Esta idea fatal traspasaba el corazon de Rugiero, aunque tampoco dejaba de atormentarle la de tener que ausentarse sin despedirse de su amada. Asaltado sin cesar por tan encontrados pensamientos, tan pronto se decidia su vacilante corazon por unos como por otros. Por mucho tiempo tuvo formado el designio de ir á buscar á Bradamante al castillo de Flor-de-Espina, adonde debian haberse dirigido los dos para salvar á Riciardeto. Acordóse despues de que le habia prometido esperarla en Valleumbroso, y consideraba cuál seria el asombro de la doncella al encontrarse en el monasterio sin su amante. ¡Si al menos pudiera enviarle un mensajero ó una carta, á fin de que ella no tuviese que lamentarse de la poca obediencia de su Rugiero y de que él se hubiese alejado sin decirle una palabra!