[5] Representóla Ríos.—Lope de Vega ha recordado en los últimos párrafos de El Peregrino en su Patria a los viejos actores que le ayudaron a crear la comedia; y si no a todos, a los más devotos de su genio: "Las ocho primeras noches hubo ocho comedias, que saldrán impresas en otra parte, por no haber aquí mayor volumen. La primera hizo Porras... La quinta hizo Ríos, mar de donaire y natural gracia; llamábase La bella mal maridada." (Sevilla, 1604, fols. 263 r.^o y v.^o)
Nicolás de los Ríos, que murió en 1610, representó por vez primera no pocas de las comedias juveniles de Lope: La bella mal maridada, El ingrato arrepentido, El verdadero amante, El caballero de Illescas, El remedio en la desdicha, La francesilla, El sol parado, El ruiseñor de Sevilla... Su carrera teatral fué muy larga, pues Agustín de Rojas, que le introduce en el Viaje entretenido, le hace decir, hacia 1602, que llevaba "más de treinta años de comedia". Para él parece haber escrito Cervantes el Pedro de Urdemalas; el protagonista, metido a cómico, dice: "Volarán los hechos míos... En nombre de Nicolás y en sobrenombre de Ríos." Rennert, The Spanish Stage, 571-573, y Rodríguez Marín, Bol. Acad. Esp., 1, 61, 171, 172, 174, 322, 326 y 327.
[6] Alude Lope al mito de Dafne, que la lectura de Ovidio, tan gustado en la Edad Media y en el Renacimiento, incorporó a la literatura moderna: la esquiva Dafne huye de Apolo, que, enamorado, la persigue; Dafne siente que el aliento de Apolo toca su cabello; pide a la tierra que la esconda en su seno o que destruya la belleza que causa su pérdida. Apenas pronuncia tal ruego, cuando queda convertida en laurel. Apolo le concede una eterna primavera: sus hojas, siempre verdes, coronarán la cabeza, el arpa y la aljaba del dios.—Es sabido que Lope fué un profundo conocedor de Ovidio: las reminiscencias del Ars Amandi y, especialmente, de Las Metamorfosis abundan en los escritos de nuestro poeta; véase R. Schevill, Ovid and the Renascence in Spain, 211 y sigs.
[7] Lope dice en El Amor enamorado, edic. de la Academia, VI, 271 a:
"Febo. Tú serás el árbol mío, Laurel quiero que te llamen, Aunque en tu dura corteza. Tu condición se retrate, Cubriendo un alma de bronce y unas entrañas de jaspe."
[8] 'enternazcaos'. Parte XIII.
[9] 'Almatea'. Parte XIII.—Amaltea, símbolo de fertilidad y copia de frutos: cuerno de la abundancia o de Amaltea.
[10] "Dorotea.—... pero cierto que me hazen sospecha vuestras preguntas, y si es que venís a informaros, ¿para qué tomastes agua? Que mejor era para mí, pues vos sois el juez deste tormento." Lope, La Dorotea, acto II, escena III, pág. 64, edición de A. Castro. Biblioteca "Renacimiento".
[11] Como ejemplo de la fidelidad con que Lope ha aprovechado los elementos de la novela, copiamos el pasaje de la Historia del Abencerraje (versión de la Diana), que corresponde a esta escena:
"Acuérdome que un día, estando Xarifa en la huerta de los jazmines..., miréla espantado de su gran hermosura; no sé cómo me pessó de que fuesse mi hermana (verso 90)... Mas, dezidme agora: ¿qué cortedad teneys vos de que somos hermanos? (vv. 92-93). Yo no otra (dixo ella) más del grande amor que os tengo (v. 94), y ver que hermanos nos llaman todos (v. 96) y que mi padre nos trata a los dos como a hijos (v 97). ¿Y si no fuéramos hermanos (dixe yo) quisierades me tanto? ¿No veys (dixo ella) que a no lo ser no nos dexarían andar siempre juntos y solos, como nos dexan? (vv. 98-99). Pues si este bien avían de quitar (dixe yo), más vale el que me tengo... (vv. 100-103). ¿Qué pierdes tú en que seamos hermanos? (vv. 104-105). Pierdo a mí y a vos... (v. 106). No te entiendo (dixo ella), mas a mí parésçeme que ser hermanos nos obliga a amarnos naturalmente (vv. 108-111). A mí (dixe yo) sólo vuestra hermosura me obliga a quereros (vv. 112-113), que esta hermandad antes me resfría algunas vezes (vv. 118-119)... hize una hermosa guirnalda, y poniéndomela sobre mi cabeça, me bolví coronado y vencido (v. 239)... ella... quitándome la guirnalda, la puso sobre su cabeça... me dixo: ¿Qué te pareçe de mí (v. 241)... Yo la dixe: Pareçeme que acabáys de vençer a todo el mundo (vv. 246-247), y que os coronan por reyna y señora dél (v. 251)... Si esso fuera, hermano, no perdierades vos nada (vv. 252-253)." Los siete libros de la Diana, de George de Montemayor. Nueva Bibl. de Aut. Esp., 7, 309.