[167] "Soler, auxiliar de modo con infinitivo, lo suele far." R. Menéndez Pidal, Cantar de Mio Cid, II, 858: "Hijos, yo soy la mujer Del mundo más desdichada. Vuestra madre solía ser, Ya soy madrastra culpada..." Lope, Embustes Celauro, B. A. E., XXIV, 103 a: "¡Triste! ¡Qué habemos de hacer Muerta aquella que solía Ser alma por quien vivía..." Idem, íd., 107 a: "¿Cuántas muelas solía vuestra merced tener en esta parte?" Quijote, 1.^a, XVIII.

[168] Sexto Tarquino, el forzador de Lucrecia.

[169] Amnón, después de deshonrar a Tamar, siente hacia ella tan invencible repugnancia, que la arroja violentamente de su casa. II, Samuel, XIII.

[170] "Juego de naipes conocido ya en Castilla a principios del siglo xvi, puesto que Guevara, en su Menosprecio de la Corte (cap. 5), cuenta como uno de los privilegios de la aldea, que en ella hay tiempo para todo, y entre otras cosas para jugar un rato al triunfo. Suárez de Figueroa, en su Plaza Universal (1615, disc. 66), cuenta el triunfo entre los demás juegos de naipes que se conocían en su tiempo. Covarrubias hizo mención (s. v. triunfo) del mismo juego: ahora le llaman burro." Clemencín, Quijote, V, 203.

[171] presentalle, regalalle. "Aquello del Paladión de Troya, que fué un caballo de madera que los griegos presentaron a la diosa Palas." Quijote, II, cap. XLI.

[172] so, soy. Cf. Rouanet, ob. cit.

[173] Tirso repite este chiste en El Vergonzoso, verso 1235 y sigs. Clás. Cast., pág. 147.

[174] fingido trato. Cf. Covarrubias: "trato doble, engaño disfrazado."

[175] Verso que aparece como dicho por Tello en Parte XXI. Corrección de la Suelta.

[176] "Este Emperador de las Españas era muy justiciero, e de como vedava los males e los tuertos en su tierra, puédese entender en esta razon que diremos aqui. Un Infançon que morava en Galizia, e avie nombre don Ferrando, tomó por fuerça a un labrador su heredad, e el labrador fuesse querellar al Emperador, que era en Toledo, de la fuerça que le fazíe aquel Infançon. E el Emperador embió su carta luego con esse labrador al Infançon, que luego vista la carta que le fiziesse derecho de la querella que dél avíe. E otrosí, embió su carta al merino de la tierra, en quel mandava que fuesse con aquel querelloso al Infançon que viesse qual derecho le fazie, e que gelo embiasse dezir por sus cartas. E el Infançon, como era poderoso, quando vió la carta del Emperador, fue muy sañudo, e començó de amenaçar al labrador, e dixol que lo mataríe, e non le quiso fazer derecho ninguno. E quando el labrador vió que derecho ninguno non podie aver del Infançon, tornose para el Emperador a Toledo, con letras de omes buenos de la tierra, en testimonio como non podie aver derecho ninguno de aquel Infançon del tuerto que le fazie. E quando el Emperador esto oyó, llamó sus privados de su camara, e mandoles que dixessen a los que veniessen a demandar por él que era mal doliente, e que non dexassen entrar ninguno en su cámara, e mandó a dos cavalleros mucho en poridad que guissasen luego sus cavallos e yrien con él. E fuesse luego encubiertamente con ellos para Galizia, que non quedó de andar de dia nin de noche: e pues que el Emperador llegó al logar do era el infançon, mandó llamar al merino, e demandol que le dixesse verdad de cómo passara aquel fecho. E el merino dixogelo todo. E el Emperador, despues que sopo todo el fecho, fizo sus firmas sobre ello, e llamó omes del logar, e fuesse con ellos, e paróse con ellos a la puerta del Infançon, e mandól llamar que saliesse al Emperador que le llamava. E quando el Infançon esto oyó, ovo gran miedo de muerte, e començó de foyr, mas fue luego presso, e aduxeronle ante el Emperador; e el Emperador rrazonó todo el preyto ante los omes buenos, e como despreciara la su carta, e non feziera ninguna cosa por ella, e el Infançon non contradixo nin respondió a ello ninguna cosa. E el Emperador mandól luego enforcar ante su puerta, e mandó que tornasse al labrador todo su heredamiento con los esquilmos. Entonces el Emperador anduvo descobiertamente por toda Galizia, e apaziguó toda la tierra, e tan grave fue el espanto que todos los de la tierra ovieron por esse fecho, que ninguno non fue osado en toda su tierra de fazer fuerza uno a otro. E esta justizia, e otras muchas tales como esta, fizo el Emperador, porque era muy temido de todas las gentes, e vivíe cada uno en lo suyo en paz." Crónica general, edición de Ocampo, Valladolid, 1604; folios 327 vto. y 328.