Que vengo disfrazada de esta suerte,

Cuando desprecie el campo de Agramante,

Derrotándole al mar infamemente;

Yo sola, Anacarino, soy bastante

Á atropellar su vencedora gente,

No he de embrazar de Pálas el diamante,

Espejo de los cielos trasparente,

Porque amor es deidad que en mi hermosura

Sus inmortales triunfos asegura.

Fiada en mi belleza y en mi anillo,