Una voz mia sobra, que es bastante,

Para que en polvo y nada se resuelva;

Yo haré que ese bellísimo diamante,

Que hoy con sus pinos se traduce en selva,

Desatado en las leyes de su orilla,

Átomos le dé al sol, astilla á astilla.

Y esto todo ha de ser con tanta priesa,

Que deshecho y vencido el africano,

Sin que el tálamo deje la Condesa,

He de volver á merecer su mano;