Pues de Medoro esposa,

Logro mi juventud, medro mis años,

Tan dulces desengaños,

Tan bien ganados y tan mal perdidos,

Que entran por la amistad de los sentidos,

Y padeceré inmortales,

Para un bien que me das, eternos males;

¡Qué engañada vivia

Cuando tus generosos desconciertos,

Amor, no conocia!