Animoso y diestro César
Me daba el pecho, y guardaba
La cabeza, que venía
Con ménos cuidado y armas,
Viendo yo que era imposible
Herirle, y que el pecho estaba
Defendido como el mio,
(Que nunca se deja en casa
La defensa el que es discreto),
Por no guardar mi venganza