Porfías, Señor, en vano.
Antes de llorar se causa
La excusa, pero no agora;
Que siempre quiere el que llora [175]
Que le pregunten la causa.

DON BERNARDO

Don Diego me habló, María...
Contigo casarse intenta...
Respondíle que tu gusto
Era la primer licencia, [180]
Y la segunda del Duque.
Escribí, fué la respuesta
No como yo la esperaba;
Que darte dueño quisieran
Estas canas, que me avisan [185]
De que ya mi fin se cerca.
Puse la carta en el pecho,
Lugar que es bien que le deba;
Que llamarme deudo el Duque
Fué de esta cruz encomienda. [190]
Vino á buscarme don Diego
Á la Plaza (¡nunca fuera
Esta mañana á la Plaza!),
Y con humilde apariencia
Me preguntó si tenía [195]
(Aunque con alguna pena)
Carta de Sanlúcar. Yo
Le respondí que tuviera
Á dicha poder servirle:
Breve y bastante respuesta. [200]
Dijo que el Duque sabía
Su calidad y nobleza;
Que le enseñase la carta,
Ó que era mía la afrenta
De la disculpa engañosa. [205]
Yo, por quitar la sospecha,
Saqué la carta del pecho,
Y turbado leyó en ella
Estas razones, María.—
Quien tal mostró, que tal tenga.— [210]
«Muy honrado caballero
Es don Diego; pero sea
El que ha de ser vuestro yerno
Tal, que al hábito os suceda
Como á vuestra noble casa.» [215]
Entonces don Diego, vuelta
La color en nieve, dice,
Y de ira y cólera tiembla:
«Tan bueno soy como el Duque.»
Yo con ira descompuesta [220]
Respondo: «Los escuderos,
Aunque muy hidalgos sean,
No hacen comparación
Con los príncipes; que es necia.
Desdecíos, ó le escribo [225]
Á don Alonso que venga
Desde Flandes á mataros.»
Aquí su mano soberbia...
Pero prosigan mis ojos
Lo que no puede la lengua. [230]
Déjame; que tantas veces
Una afrenta se renueva,
Cuantas el que la recibe
Á el que la ignora la cuenta.
Herrado traigo, María, [235]
El rostro con cinco letras,
Esclavo soy de la infamia,
Cautivo soy de la afrenta.
El eco sonó en el alma;
Que si es la cara la puerta, [240]
Han respondido los ojos,
Viendo que llaman en ella.
Alcé el báculo... Dijeron
Que lo alcancé... no lo creas;
Que mienten á el afrentado, [245]
Pensando que le consuelan.
Prendióle allí la justicia,
Y preso en la cárcel queda:
¡Pluguiera á Dios que la mano
Desde hoy estuviera presa! [250]
¡Ay, hijo del alma mía!
¡Ay, Alonso! ¡Si estuvieras
En Ronda! Pero ¿qué digo?
Mejor es que yo me pierda.
Salid, lágrimas, salid... [255]
Mas no es posible que puedan
Borrar afrentas del rostro,
Porque son moldes de letras,
Que aunque se aparta la mano,
Quedan en al alma impresas. (Vase.) [260]

ESCENA III

Doña María, Lüisa

LUISA

Fuése.

DOÑA MARÍA

Déjame de suerte
Que no pude responder.

LUISA