DON DIEGO

Pues ¡vos en la cárcel!

DOÑA MARÍA

El amor que me debéis
Desta manera me trae;
Que agradecida del vuestro, [325]
Me fuerza á que me declare.
Á pediros perdón vengo,
Y á que no pase adelante
Este rigor, pues el medio
De hacer estas amistades [330]
Es el casarnos los dos;
Que cuando á saber alcance
Don Alonso que soy vuestra,
No tendrá de qué quejarse.
Con esto venganzas cesan, [335]
Que suelen en las ciudades
Engendrar bandos, de quien
Tan tristes sucesos nacen.
Vos quedaréis con la honra
Que es justo y que Ronda sabe, [340]
Satisfecho el señor Duque,
Desenojado mi padre,
Y yo con tan buen marido,
Que pueda mi casa honrarse
Y don Alonso mi hermano. [345]

DON DIEGO

¿Quién pudiera sino un ángel,
Señora doña María,
Hacer tan presto las paces?
Vuestro gran entendimiento,
Y divino en esta parte, [350]
Ha dado el mejor remedio
Que pudiera imaginarse.
No le había más seguro,
Y sobre seguro, fácil,
Para que todos quedemos [355]
Honrados cuando me case.
No será mucha licencia
Que á el altar dichoso abrace,
Sagrado de mis deseos,
Donde está amor por imagen, [360]
Pues ya decís que sois mía.

DOÑA MARÍA

Quien supo determinarse
Á ser vuestra, no habrá cosa
Que á vuestro gusto dilate.
Confirmaré lo que digo [365]
Con los brazos.—Muere, infame.
(Al abrazarle, saca una daga y dale con
ella.
)

DON DIEGO

¡Jesus! ¡Muerto soy! ¡Traición!