Yendo un día por los Llanos de la Rioja, le salió una partida de cuatro. Quisieron prenderlo, se resistió, quisieron tomarlo á viva fuerza, y se defendió. Mató á uno, hirió á otro, é hizo disparar á tres.
En esos momentos se avistó otra partida; prevenida ésta por los derrotados, apuraron el paso. El arriero huyó y se internó en un monte.
Montaba una mula zaina, media bellaca. Corría por entre el monte, cuando se le fué la cincha á las verijas.
Írsele y agacharse la bestia á corcovear, fué todo uno.
El arriero era gaucho y jinete.
Descomponiéndose y componiéndose sobre el recado, anduvo mucho rato, hasta que en una de esas, como tenía las mechas del pelo muy largas y porrudas, se enganchó en el gajo de un algarrobo.
La mula siguió bellaqueando, se le salió de entre las piernas y él quedóse colgado.
Permaneció así como un Judas, largo rato, esperando que alguien le ayudase á salir del aprieto; pero en vano.
Llegó la noche.
Los que le seguían, aciertan á pasar por allí.