—Pues, amigo, á mí me echaron á las tropas de línea sin razón.

—¡Cuándo no!—le dije,—ya saliste con una de las tuyas. Nunca hay razón para castigarlos á ustedes.

—Sí, mi Coronel—repuso,—créame.

—¿Cómo fué eso?

—Yo tenía un amigo muy diablo á quien quería mucho, y á quien le contaba todo lo que me pasaba.

Se llamaba Antonio.

Al mismo tiempo tenía amores con una muchacha de Renca, que me quería bastante, cuyo padre era rico y se oponía á que la visitara.

Mi intención era buena.

Yo me habría casado con la Petrona, ése era su nombre.

Pero no basta que el hombre tenga buena intención si no tiene suerte, si es pobre.