Llamé al Mayor Lemlenyi, y le di mis órdenes.
Cumplidas éstas, le dije á Bustos:
—Somos cuatro oficiales, once soldados, dos frailes y yo.
—Bueno, amigo, déjelos así formados en ala como están.
Y dirigiéndose al propio, le dijo: entre otras cosas, Maripurrá wentru, palabras que comprendí, y que querían decir diez y ocho hombres.
Mientras mi gente permanecía formada, mis tropillas andaban solas. Yo estaba con el Jesús en la boca, viendo la hora en que me dejaban con los caballos montados.
Bustos despachó de regreso el propio.
Siguiendo sus insinuaciones al pie de la letra, primero, porque no había otro remedio; segundo... Aquí se me viene á las mientes un cuento de cierto personaje, que queriendo explicar por qué no había hecho una cosa, dijo:
No lo hice—primero, porque no me dió la gana; segundo... Al oir esta razón, uno de los presentes le interrumpió diciendo: Después de haber oído lo primero, es excusado lo demás.
Iba á decir que siguiendo las insinuaciones de Bustos, me puse en marcha con mi falange formada en ala, yendo yo al frente, entre los dos frailes.