—Sí, mi Coronel.

—¡Arriba todos!—grité.—¡Á la leña todos! ¡Pronto, pronto un fogón que ya llegan las cargas!

Los asistentes se pusieron en movimiento, desparramándose á todos los vientos; y cuando cada cual regresaba con su carga, la nubecilla que había ido avanzando sobre nosotros trasparentaba claramente, á la vista del observador menos agudo, los tres hombres que quedaron atrás y las cuatro cargas con los ornamentos sagrados pertenecientes á los franciscanos, la hierba, el azúcar, las bebidas y otras menudencias de poco valor, que eran los grandes presentes que yo destinaba á los caciques principales.

Venían andando á ese paso de la mula que ni es tranco, ni es trote, ni es galope; pero que es rápido, y que en la jerga de la lengua de nuestra tierra, se llama marchado.

Es una especie de trote inglés, una especie de sobrepaso, que al jinete le hace el efecto de que la mula, en lugar de caminar, se arrastra culebreando.

Todos los aires de marcha, el tranco, el trote, el galope, son cansadores, fatigan hasta postrar.

Sólo el marchado no deshace el cuerpo, ni produce dolores en las espaldas ni en la cintura, permitiendo dormir cómodamente sobre el lomo del macho ó de la mula, como en veloz esquife que, rápido, hiende las mansas aguas, dejando tras sí espumosa estela que, aunque parezca macarrónico, compararé el rastro que deja en el suelo blando el híbrido cuadrúpedo, cuya cola maniobra incesantemente á derecha é izquierda, á manera de timón cuando se mueve.

Llegaron, pues, las suspiradas cargas, y mientras se puso todo en tierra y se eligieron los pedazos de charque más gordos, se hizo un gran fogón, colocando en él una olla para cocinar un pucherete y cocer el resto de choclos que quedaba.

Los padres se ocuparon en abrir sus baúles, en sacar los ornamentos sagrados, que estaban húmedos, y en extenderlos con el mayor cuidado al sol.

Con una parte de los presentes para los caciques hubo que hacer lo mismo.