—Pero hombre, insistí, si han hablado un cuarto de hora, ¿cómo no han de haber hecho más que saludarme?

—Mi Coronel, es que las razones que traía el parlamento de Mariano las ha hecho muchas más; y el de usted ha hecho lo mismo para no quedar mal.

—¿Y cuántas razones traía el de Mariano?

—¡Tres razones no más!

—¿Y qué decían?

—Que cómo está Usía, que cómo le ha ido de viaje, que si no ha perdido caballos, porque en los campos solos siempre suceden desgracias.

—¿Y para decir eso ha charlado tanto, hombre?

—Sí, mi Coronel; no ve que cada razón la han hecho diez razones.

—¿Y qué es eso, hombre?

—Es, mi Coronel...