Todo lo cual prueba que la máquina constitucional llamada por la libertad Poder Legislativo, no es una invención moderna extraordinaria; que en algo nos parecemos á los indios, ó como diría Fray Gerundio: que en todas partes se cuecen habas.

Como las explicaciones de Mora interesasen, prolongué la parada hasta que no quedó ya nada que saber en materia de conversaciones pampeanas.

—¡Vamos! le dije á Caniupán, y diciendo y haciendo seguimos el camino de Leubucó. Los indios se tendieron al galope. Por no recibir su polvo los imité.

Hacia el Sur se alzaba en el horizonte una nube que parecía de arena.

—Son jinetes—dijeron algunos.

Yo fijé un instante la vista en ella, no descubrí nada.

Tenía interés en aprender á contar en lengua araucana. Me dirigí, pues, á Mora, aprovechando el tiempo, ya que por algunos momentos me veía libre de embajadores, mensajeros y parlamentarios, y le pregunté:

—¿Cómo se llaman los números en la lengua de los indios?

Mora no entendió bien la pregunta. Él sabía perfectamente bien lo que quería decir cuatro, pero ignoraba qué era número.