Al mismo tiempo que la tropa había estado aprestándose para formar, los vivanderos recibieron orden de armarse, las mujeres de reconcentrarse al club «El Progreso en la Pampa», que estaban edificando los jefes y oficiales de la guarnición, que tiene su hermoso billar y otras comodidades. Á los indios se les ordenó no se movieran del rancho en que estaban alojados y á los vivanderos, que sirvieran de custodia de unos y otras.

Mientras esto pasaba en el recinto del fuerte, en sus alrededores reinaba también grande animación: las caballadas, el ganado, todo, todo cuanto tenía cuatro patas era sacado de sus comedores habituales y reconcentrado.

Decididamente los indios han invadido por alguna parte, eran las conjeturas. Achauentrú estaba estupefacto, vacilando entre si era una invasión que venía ó una que iba.

Cuando todo estaba listo, mi segundo jefe recibió orden de salir con las fuerzas, de marchar una legua rumbo al Sur y se pasó allí una revista general.

Yo quise antes de marcharme ver en cuánto tiempo se aprestaba la guarnición, fingiendo una alarma y reirme un poco de los indios que tuvieron un rato de verdadera amargura, no sabiendo ni lo que pasaba, ni qué creer.

Y tuve la satisfacción militar de que todo se hiciera con calma y prontitud, sea dicho en elogio de cuantos guarnecían el fuerte Sarmiento en aquel entonces.

¡Que Dios ayude mientras estoy lejos á mis compañeros de armas, esos hermanos de peligro, del sacrificio y de la gloria; lo mismo que deseo te ayude á ti, Santiago amigo, conservándote siempre con un humor placentero, y un estómago como los desea Brillat-Savarin!

IV

Idea á que nos resignamos.—La partida.—Lenguaje de los paisanos.—Qué es una rastrillada.—El público sabe muchas mentiras é ignora muchas verdades.—Qué es un guadal.—El caballo y la mula.—Una despedida militar.—La Laguna Alegre.