Regresó el mensajero y Caniupán me dijo:

—Caminando poquito, hermano—dicho lo cual recogió su caballo y se puso al tranco.

Tuve que conformarme á su indicación. Recogí mi caballo é igualé el paso del suyo.

Llegó otro mensajero de Mariano Rosas, habló con Caniupán, y después me dijo éste:

—Parando, hermano.

Le habló á Mora en su lengua y éste me tradujo, que debíamos echar pie á tierra y esperar órdenes.

El lector juzgará si había motivo para rabiar un rato.

Yo, que en esta excursión á los indios he aprendido una virtud que no tenía, que por modestia callo, repito lo que antes he dicho: que no es tan fácil penetrar en el toldo del señor General don Mariano Rosas, como le llaman los suyos.