Ya ha empezado á hacer actos espontáneos, calculados para desprestigiar mi autoridad paternal, á gastar más de lo que debe, siendo objeto de privadas murmuraciones en la familia, y metiéndose á estudiar medicina contra mis consejos.

¡Estudiar medicina sin mi consentimiento! ¡Pues es disparate!

Sólo puedo comparar semejante aberración, en un siglo como éste, en que yo le curo homeopáticamente un panadizo al que lo tenga, con una expedición á los Indios Ranqueles.

En efecto, querido Santiago, mirando con sangre fría mi viaje á los toldos, ¿no te parece que ha sido perder tiempo?

¿No te parece que las demoras que me ha hecho sufrir Mariano Rosas, antes de dejarme penetrar en su morada, las he merecido por mi extravagancia?

¡Cuánto mejor hubiera sido que mi jefe inmediato me negara la licencia!

Si lo hace, cuando menos me atufo, que así somos—¡desconocemos la mano que nos desea el bien y se la damos á quien nos quiere mal!

Pero acerquémonos á Leubucó, saliendo de donde nos detuvimos ayer.

Viendo que la parada se prolongaba y que mis cabalgaduras estaban muy sudadas, mandé mudar, para hacer la entrada en regla.

Era temprano aún y quién sabe cuánto tiempo íbamos á permanecer todavía sobre el caballo.