Y sin embargo, Camargo es un ser susceptible de enmienda, según lo veremos cuando llegue el momento de referir su vida, sus desgracias—las causas por qué se hizo federal, debidas en gran parte á una mujer.
Las tales mujeres tienen el poder diabólico de hacer todo cuanto quieren, y por eso ha de ser que los franceses dicen: ce que femme veut Dieu le veut. De un federal son capaces de hacer un unitario y viceversa, que es cuanto se puede decir. Por supuesto que de cualquiera hacen un tonto.
La presencia de mis nuevos conocidos, la charla con ellos, la operación de mudar caballos, hicieron más soportable la imprevista antesala que me obligaron á hacer.
Yo disimulaba mal, sin duda, mi destemplado humor, porque todos á una, los que parecían más racionales y conocedores de los usos y costumbres de los indios, me decían:—Tenga paciencia, señor; así es esta tierra; el general es buen hombre, lo quiere recibir en forma.
No había más recurso que esperar, hasta que se acabaran los preparativos. Aquello iba á estar espléndido, según el tiempo que se empleaba en los arreglos. Ni la pirámide de la plaza de la Victoria, cuando se viste de gala, gastando más en traje de lienzo y cartón que en un forro de mármol eterno, emplea tanto tiempo en adornarse, como todo un cacique de las tribus ranquelinas.
Me daban una lección sobre el ceremonial decretado para mi recepción, cuando llegó un indiecito muy apuesto, cargado de prendas de plata y montando un flete en regla.
Le seguía una pequeña escolta.
Era el hijo mayor de Mariano Rosas, que por orden de su padre venía á recibirme y saludarme.
La salutación consistió en un rosario de preguntas—todas referentes á lo que ya sabemos, al estado fisiológico de mi persona, á los caballos y novedades de la marcha.
Á todo contesté políticamente, con la sonrisa en los labios y una tempestad de impaciencia en el corazón.