Los conjuros terminaron, el horóscopo astrológico dejó de augurar males, las águilas no miraron ya para el Sur, sino para el Norte,—lo que quería decir que vendría gente de adentro para fuera, no de afuera para adentro, ó en otros términos, que no habría malón de cristianos, que nada habría que temer.

La hora de recibirme había llegado.

¡Ya era tiempo!

Un enviado salió de las filas de Mariano Rosas y me dijo, siempre por intérprete:

—Manda decir el General que eche pie á tierra con sus jefes y oficiales.

—Está bien—contesté.

Y eché pie á tierra, y junto conmigo los cristianos é indios que me seguían. Y á ese tiempo se oyó un hurra atronador y un viva al coronel Mansilla.

Yo contesté, acompañándome todo el mundo.

¡Viva Mariano Rosas!