Éste á su turno habló con Mora.
Mi lenguaraz, siguiendo la usanza, me dijo:
—Señor, dice el general Mariano, que ya lo va á recibir; que quiere darle la mano y abrazarlo; que se dé la mano con sus capitanejos y se abrace también con ellos, para que en todo tiempo lo conozcan y lo miren como amigo, al hombre que les hace el favor de visitarlos, poniendo en ellos tanta confianza.
Pasando por los mismos trámites, fué despachado el mensajero con un recadito muy afectuoso y cordial.
Mora volvió á conversar con Caniupán, y me dijo después:
—Señor, dice Caniupán que ya puede adelantarse á darle la mano al general Mariano; que haga con él y con los demás que salude lo mismo que ellos hagan con usted.
—¿Y qué diablos van á hacer conmigo?—le pregunté.
—Nada mi Coronel, cosas de los indios, así es en esta tierra—me contestó.
—Supongo que no será alguna barbaridad—agregué.