—¿Sabe usted si está en su casa mi padre, Miguel Corro?
—Sí, está.
—¿Y mi madre?
—También.
—¿Y dónde lo han muerto al Juez?
—Cerca de la casa de usted, pues. ¿Para qué quiere hacerse el que no sabe? ¡No ve que ya está todo descubierto!
Me quedé confuso—no le pregunté nada más, y el hombre se fué.
Á los pocos días me pusieron comunicado.
Mi madre fué la primera persona que vi. ¡No le decía, mi Coronel, que era una santa mujer!