Sí; filosofar es creer en Dios ó reconocer que el mayor de los consuelos que tienen los míseros mortales, es confiar su destino á la protección misteriosa, omnipotente de la religión.
Por eso al grito de los escépticos, yo contesto, como Fenelón:
¡Dilatamini!
Si hay un anankè,[2] hay también quien mira, quien ve, quien protege, resguarda, ama y salva á sus criaturas, sin interés.
Cuando me arranquéis todo, si no me arrancáis esa convicción suave, dulce, que me consuela y me fortalece, ¿qué me habréis arrancado?
NOTAS:
[2] ἀνάγκη en griego: fatalidad.