Los franciscanos comprendiendo que aquello no rezaba con ellos, se pusieron en retirada, refugiándose en el rancho de Ayala; los oficiales se habían colocado á distancia de poder acudir en auxilio mío si era necesario; los asistentes rodeaban la enramada con disimulo; Camilo Arias, con su aire taciturno, se me aparecía de vez en cuando como una sombra, diciéndome de lejos con su mirada ardiente, expresiva, penetrante: por aquí ando yo.

Por bien templado que tengamos el corazón, es indudable que el silencio, la soledad, el aislamiento y el abandono hacen crecer el peligro en la medrosa imaginación.

Es por eso que el valor á media noche, es el valor por excelencia.

Las tinieblas tienen un no sé qué de solemne, que suele helar la sangre en las venas hasta congelarla.

Yo no creo que exista en el mundo un solo hombre que no haya tenido miedo alguna vez de noche.

De día, en medio del bullicio, ante testigos, sobre todo ante mujeres, todo el mundo es valiente, ó se domina lo bastante para ocultar su miedo.

Yo he dicho por eso alguna vez: el valor es cuestión de público.

El hombre que en presencia de una dama hace acto de irresolución puede sacar patente de cobarde.

Yo tengo un miedo cerval á los perros, son mi pesadilla; por donde hay, no digo perros, un perro, yo no paso por el oro del mundo si voy solo, no lo puedo remediar, es un heroísmo superior á mí mismo.

En Rojas, cuando era capitán, tenía la costumbre de cazar.