El negro no tardó en irse con la música á otra parte. Bendije al cielo.
Como poeta festivo, como payador, no podía rivalizar con Aniceto el Gallo ni con Anastasio el Pollo.
Ni siquiera era un artista en acordeón.
Yo tengo, por otra parte, poco desarrollado el órgano frenológico de los tonos, pudiendo decir, como Voltaire: la musique c'est de tous les tapages le plus supportable.
Es una fatalidad como cualquier otra, que me priva de un placer inocente más en la vida.
Te contaría á este respecto algo muy curioso, un triunfo de la frenología, ó en otros términos, la historia de mis padecimientos infantiles por la guitarra.[3] Y te la contaría á pesar del natural temor de que me creyesen más malo de lo que soy; porque tengo la desgracia de ser insensible á la armonía.
Tú sabes, que según las reglas del criterio vulgar, no puede ser bueno quien no ama la música, las flores, aunque ame muchas otras cosas que embriagan y deleitan más que ellas.
Hay gentes que de buena fe, creen que el sentimiento estético ó el arte es inseparable de los hombres de corazón.
Tal persona que ama con locura la música, es, sin embargo, incapaz de un acto de generosidad.
Tal otra que gastaría cien mil pesos en un auténtico de Rubens, no haría un sacrificio por el amigo más querido.