¿En qué me tendí?

Sobre un cuero de potro; era el colchón de una mala cama improvisada con palos desiguales y nudosos.

El sueño no tardó en llevarme al mundo de la tranquilidad pasajera.

Gozaba, cuando una serenata me despertó.

Era un negro, tocador de acordeón, una especie de Orfeo de la pampa.

Tuve que resignarme á mi estrella, que levantarme y escuchar un cielito cantado en honor mío.

¡Qué mal rato me dió el tal negro después!

XXXII

El negro del acordeón y la música.—Reflexiones sobre el criterio vulgar.—Sueño fantástico.—Lucius Victorius Imperator.—Un mensajero nocturno de Mariano Rosas.—Se reanuda el sueño fantástico.—Mi entrada triunfal en Salinas Grandes.—La realidad.—Un huésped á quien no le es permitido dormir.