Por aquí iba medio despierto, medio dormido, cuando volvieron á hacerme sentar en la cama, llamando á mi puerta.

—¡Coronel Mansilla!

—¿Qué hay?—pregunté.

¡El malhadado negro contestó!

—Dice el General que ¿cómo ha pasado la noche?

—Hombre, dile que mañana le contestaré.

El mensajero contestó, no pude percibir qué.

Una baraúnda repentina ahogó su voz.

Volvía yo á estudiar qué postura se adaptaría más á la cama que me habían deparado las circunstancias y esperaba no ser interrumpido otra vez. ¡Quimeras!

Mi verdadera bestia negra había ido y vuelto.