NOTAS:

[3] Mi madre conserva entre sus papeles, empastado en gro de aguas blanco, un Método para aprender la guitarra, escrito por mí á los doce años.

XXXIII

Retrato de Mariano Rosas.—Su política.—Cómo le tomaron prisionero los cristianos.—Rosas le hace peón de su estancia del Pino.—Su fuga.—Agradecimiento por su antiguo patrón.—Paralelo.—De pillo á pillo.—Voto de un indio.—Muerte de Painé.—Derecho hereditario entre los indios.—Los refugiados políticos.—Mareo.—Mariano Rosas quiere loncotear conmigo.—Apuros.—Una sombra.

El cacique general de las tribus Ranquelinas tendrá cuarenta y cinco años de edad.

Pertenece á la categoría de los hombres de talla mediana. Es delgado, pero tiene unos miembros de acero. Nadie bolea, ni piala, ni sujeta un potro del cabestro como él.

Una negra cabellera larga y lacia, nevada ya, cae sobre sus hombros y hermosea su frente despejada, surcada de arrugas horizontales. Unos grandes ojos rasgados, hundidos, garzos y chispeantes, que miran con fijeza por entre largas y pobladas pestañas, cuya expresión habitual es la melancolía, pero que se animan gradualmente, revelando entonces orgullo, energía y fiereza; una nariz pequeña deprimida en la punta, de abiertas ventanas, signo de desconfianza, de líneas regulares y acentuadas; una boca de labios delgados que casi nunca muestra los dientes, marca de astucia y crueldad; una barba aguda, unos juanetes saltados, como si la piel estuviese disecada, manifestación de valor, y unas cejas vellosas, arqueadas, entre las cuales hay siempre unas rayas perpendiculares, señal inequívoca de irascibilidad, caracterizan su fisonomía, bronceada por naturaleza, requemada por las inclemencias del sol, del aire frío, seco y penetrante del desierto pampeano.

Mariano Rosas es hijo del famoso cacique Painé.