Colocado estratégicamente en Leubucó, entre las tribus de los caciques Ramón y Baigorrita, es el jefe de una confederación. Apoyando unas veces á Ramón contra Baigorrita y otras á Baigorrita contra Ramón, su predominio sobre ambos es constante.
Dividir para reinar, es su divisa. Así Baigorrita y Ramón, que son bravos en la pelea, diestros en todos los ejercicios ecuestres, entendidos en todo género de faenas rurales, sin tenerle envidia á este Bismarck ranquelino, ponderan la prudencia de sus consejos, su sesuda previsión, su carácter persistente y conciliador.
El año de 1834 fué hecho prisionero en la Laguna de Langhelo, situada donde actualmente existe el fuerte «Gainza» cuyos primeros cimientos los puse yo, al avanzar, hace ocho meses, la frontera Sud de Santa Fe.
Este paraje dista como treinta leguas de Melincué.
Mariano Rosas, junto con algunos indiecitos y alguna chusma se habían quedado allí, cuidando una caballada de refresco, mientras su belicoso padre daba un malón, internándose muy adentro.
Los cristianos encargados de la seguridad de la frontera Norte de Buenos Aires, maniobrando hábilmente, se lanzaron al Sud cuando sintieron la invasión, para salirles á los ladrones de adelante; ocuparon y se posesionaron de una de las aguadas principales por donde debían pasar con el botín, sorprendieron á los caballerizos, les quitaron toda la caballada y los cautivaron lo mismo que á la chusma.
Mariano Rosas y sus compañeros de infortunio fueron conducidos á los Santos Lugares. Allí permanecieron engrillados y presos, tratados con dureza, cerca de un año, según sus recuerdos.
Perdían la esperanza de mejorar de suerte. Mas como está de Dios que el hombre suba á la cumbre de la montaña cuando menos lo espera, cayendo en el abismo de la desgracia cuando todo sonreía á su alrededor, un día los llevaron á presencia del Dictador don Juan Manuel de Rosas.
Interrogándolos minuciosamente, supo éste que Mariano, que se llamaba á la sazón como su padre, era hijo de un cacique principal de mucha nombradía. Le hizo bautizar, sirviéndole de padrino, le puso Mariano en la pila, le dió su apellido y le mandó con los otros de peón á su estancia del «Pino».