Por supuesto, que siendo yo sobrino carnal de Rosas, oyéndolo hablar al indio de su padrino y progenitor postizo, me haría la ilusión de que lo más fácil del mundo para mí era catequizarlo. Al más dueño se le queman los libros en presencia de un hombre de estado primitivo.
La vanidad y tontera humanas, ¿dónde no reciben su castigo? Ya veremos cómo la diplomacia es igual en todas partes, lo mismo en Londres que en Viena, en Buenos Aires que en Leubucó; que la cuña para ser buena ha de ser del mismo palo. Y lo que es más filosófico aún, que la gratitud anda á caballo en casa de aquéllos que creen merecérselo todo.
Al poco tiempo de estar Mariano Rosas en su tierra, su padrino, que no daba puntada sin nudo, viendo que el pájaro se le había escapado de la jaula, y que es bueno tener presente, que quien cría cuervos se expone á que éstos le saquen los ojos, le mandó un regalo.
Consistía en doscientas yeguas, cincuenta vacas y diez toros de un pelo, dos tropillas de overos negros con madrinas obscuras, un apero completo con muchas prendas de plata, algunas arrobas de hierba y azúcar, tabaco y papel, ropa fina, un uniforme de coronel y muchas divisas coloradas.
Con este regio presente iba una afectuosa misiva, que Mariano conserva, concebida más ó menos así:
«Mi querido ahijado: No crea usted que estoy enojado por su partida, aunque debió habérmelo prevenido para evitarme el disgusto de no saber qué se había hecho. Nada más natural que usted quisiera ver á sus padres, sin embargo que nunca me lo manifestó. Yo le habría ayudado en el viaje haciéndolo acompañar. Dígale á Painé que tengo mucho cariño por él, que le deseo todo bien, lo mismo que á sus Capitanejos é indiadas. Reciba ese pequeño obsequio que es cuanto por ahora le puedo mandar. Ocurra á mí siempre que esté pobre. No olvide mis consejos porque son los de un padrino cariñoso, y que Dios le dé mucha salud y larga vida. Su afectísimo—Juan de Rosas.»
Esta cartita meliflua y calculada, llevaba un apéndice insignificante al parecer:
«Post Data. Cuando se desocupe, véngase á visitarme con algunos amigos».
Difícil y algo más que difícil, ardua cosa es desentrañar las intenciones del más inocente mortal.