Sentóse.
Le pasaron un mate, y entre chupada y chupada, me refirió su vida en cuatro palabras.
—Mi amo, me dijo, yo soy federal. Cuando cayó nuestro padre Rosas, que nos dió la libertad á los negros, estaba de baja. Me hicieron veterano otra vez. Estuve en el Azul con el General Rivas. De allí me deserté y me vine para acá. Y no he de salir de aquí hasta que no venga el Restaurador, que ha de ser pronto, porque don Juan Saa nos ha escrito que él lo va á mandar buscar. Yo he sido de los negros de Ravelo.
Y aquí interrumpió la historia de su vida, entonando, ó mejor dicho, desentonando, esta canción:
Que viva la patria
Libre de cadenas.
Y viva el gran Rosas
Para defenderla.
Le atajé el resuello, diciéndole:
—Hombre, ya te he dicho que no quiero oirte cantar.
Callóse, y mirándome con cierta desconfianza me preguntó:
—¿Usted es sobrino de Rosas?