Me saludó con política y me habló con cariño.

Pidió aguardiente, y Mariano le dijo en su lengua, que no era hora de beber.

Sentóse y tomó parte en la conversación.

Una cara, que yo no había visto desde que llegamos, cuya aparición por allí debía preocuparme, se mostró por una rendija del toldo y con disimulo me hizo una seña significativa.

Fingí un pretexto. Se lo comuniqué á mi huésped y le pedí permiso para retirarme, y me retiré diciéndome á mí mismo, lleno de curiosidad: ¿qué habrá?

XXXVI[5]

Por qué se me presentaba Camilo Arias.—Caracteres de este hombre y de nuestros paisanos.—El indio Blanco.—Sus amenazas.—Le pido una entrevista á Mariano Rosas.—Me tranquiliza.—Costumbre de los indios.—No existe la prostitución de la mujer soltera.—Qué es cancanear.—El pudor entre las indias.—La mujer casada.—De cuántos modos se casan las indias.—Las viudas.—Escena con Rufino Pereira.—Igualdad.—Miguelito intercede por Rufino.

La cara era la de Camilo Arias.

Salí del toldo, entré en la enramada, eché una visual hacia el lado por donde me habían llamado la atención, y viendo que aquél se dirigía á mi rancho, haciendo un rodeo, me apresuré á entrar en él.