De manera, que las tales viudas, lo mismo entre los indios que entre los cristianos, son las criaturas más felices del mundo.
Con razón hay mujeres que corren el riesgo de casarse á ver si enviudan.
El cacique Epumer está casado con una viuda y no tiene más que una mujer.
Yo la encontré muy hermosa[6] é interesante, y en una visita que la hice me recibió con suma amabilidad y gracia.
Es una india cuyo porte y aseo sorprenden.
¡Viuda había de ser la que lograse dominar á un hombre como Epumer, bravío, impetuoso, tremendo!
Terminaba Mariano Rosas sus lecciones ranquelinas, cuando llegó su hijo con Camargo.
—Teniente—le dijo,—vaya, dígale á Epumer que he sabido que Blanco ha llegado y que anda hablando lo que no debe; que lo cite para la junta que debe haber, y que si no calla ya sabe.
Este ya sabe quería decir que lo matasen si era necesario, si no obedecía.