El primero es como en todas partes. Con consentimiento de los padres y por amor, con el apéndice de que hay que pagarles á aquéllos. En este caso, si después de casada una china, se le escapa al marido y se refugia en casa de sus padres, el tonto que se casó por amor, pierde mujer y cuanto por ella dió.
El segundo, consiste en rodear el toldo de la china que se quiere, acompañado de varios y en arrancarla á viva fuerza, con el beneplácito y ayuda de sus padres. En este otro caso, también hay que pagar; pero más que en el anterior. Si la mujer huye después y se refugia en el toldo paterno, hay que entregarla.
El tercero, es parecido al anterior; se rodea el toldo de la china, con el mayor número de amigos posible, y quiera ella ó no, quieran los padres ó no, se la arranca á viva fuerza. Pero en este caso hay que pagar mucho más que en el otro. Si la mujer huye después y se refugia en el toldo paterno, la entregan ó no. Si no la entregan los padres, en uso de su derecho, el marido pierde lo que pagó. Y el loco que se casó á la fuerza, por la pena es cuerdo.
No están tan mal las cosas dispuestas entre los indios; el amor y la violencia exponen á iguales riesgos.
Un indio puede casarse con dos ó más mujeres; generalmente no tienen más que una, porque casarse es negocio serio, cuesta mucha plata.
Hay que tener muchos amigos que presten las prendas que deben darse en el primer caso, y en el segundo y tercero las prendas y el auxilio de la fuerza.
Sólo los caciques y los capitanejos tienen más de una mujer.
La más antigua es la que regenta el toldo; las demás tienen que obedecerle, aunque hay siempre una favorita que se substrae á su dominio.
Las viudas representan un gran papel entre los indios cuando son hermosas.
Son tan libres como las solteras en un sentido, en otro más, porque nadie puede obligarlas á casarse, ni robarlas.