—¿Qué eres entonces?
—Soy hombre gaucho.
—Pero, por eso solamente no te han de haber destinado.
—Es que los jueces no me quieren.
—No te habrás querido someter á su autoridad.
—No me ha gustado ser soldado; cuando he sabido que me buscaban, he andado á monte. He peleado algunas veces con la partida, y la he corrido.
—¿Eso es todo lo que has hecho?
—Todo.
—Pero me has dicho que no trabajabas en nada, y para vivir sin hacer daño al prójimo es menester trabajar en algo. Te vuelvo á preguntar, ¿de qué vivías?
—Soy jugador.