En el cumplimiento de las últimas está interesado generalmente el honor ó el crédito, el amor propio ó el orgullo, el egoísmo ó la ambición.
En el cumplimiento de las primeras no influye ninguno de esos poderosos resortes del alma humana, sino la conciencia.
Cancelada la deuda con el sargento, me quedaba por hacer la remisión prometida de los haberes devengados de Gómez á la Esquina.
Esperar el Comisario era un sueño. ¿Cuándo vendría éste? Y si venía, ¿estaría yo vivo? ¿Me entregaría, sobre todo, los sueldos del cabo? ¿El Estado no es el heredero infalible de nuestros soldados muertos en el campo de batalla, por él mismo ó por la libertad de la Patria, ó por su honor ultrajado?
¿No es ésa la consecuencia del odioso é imperfecto sistema administrativo militar que tenemos?
Gómez no era un soldado antiguo en mi batallón. Reservándome, pues, ver si recogía sus sueldos de Guardia nacional, resolví mandarle á su hermana los seis ú ocho que se le debían como soldado de línea.
Simbad, el corresponsal del Standard, á la sazón en el teatro de la guerra, era vecino de la Esquina y mi antiguo amigo.
Debo á él la iniciación en un mundo nuevo, la lectura del Cosmos, ese monumento imperecedero de la sapiencia del siglo XIX.
De Simbad iba á valerme para remitir á su destino la pequeña herencia.