Cuando llegamos al Zorro Colgado serían las diez de la mañana.
El campo recorrido es muy solo. No tiene bichos ó aves, como le llaman los paisanos á los venados, peludos, mulitas, guanacos, etc.
El Zorro Colgado no estaba, por supuesto.
Aquel punto es un grupito de árboles, chañares viejos más altos que corpulentos. Tiene una aguadita que se seca cuando el año no es lluvioso.
Allí paramos un rato, lo bastante para que las bestias de carga que se habían quedado atrás llegaran, y después de haber bebido bien, seguimos caminando en el mismo rumbo, hasta llegar á Pollo-helo, que quiere decir en lengua ranquelina, Laguna del Pollo, y cuya pronunciación debe hacerse nasal ó gangosamente, verbigracia, como si la palabra estuviese escrita así y debieran sonar todas las letras: Pollonguelo.
Aquí variamos de rumbo un poco, buscando el Sud recto, y así seguimos, como legua y media, por un campo muy guadaloso y pesado, en el que caímos y levantamos varias veces, lo mismo que las mulas de carga, hasta llegar á Us-helo, donde hay otro grupo de árboles, una aguada semejante á la anterior y una lagunita de agua salobre, pero potable no habiendo sequía.
Las cabalgaduras se habían aplastado algo con la legua y media de guadal.
Aplastarse, es un término del país, que vale más que fatigarse y menos que cansarse, cuando se quiere expresar el estado de un caballo.
Hicimos alto, se hizo fuego, se hizo cama para una siesta, se descansó, se tomó mate, se durmió y á las cansadas llegaron las mulas de carga, que habiendo caído en una cañada mojaron las petacas de los padres franciscanos.
Serían las tres cuando nos movimos de aquí en dirección á Coli-mula, que de la etapa anterior queda en rumbo Sud.