Este trayecto es más variado que los demás; el terreno se quiebra acá y allá en grandes bajíos salitrosos y en grupos considerables de arbustos crecidos.

En un inmenso pajonal, sembrado de grandes árboles diseminados, pillamos un caballo que hacía pocos días andaba por allí, pues no estaba alzado aún.

Cuando llegamos á Coli-Mula, que quiere decir mula colorada, habíamos andado tres leguas.

No sé por qué se llama así ese paraje. No hay árboles. Es una linda lagunita circular, de agua excelente y abundante que dura mucho.

Resolví descansar allí hasta las nueve de la noche, y adelantar dos hombres.

El cielo comenzaba á fruncir el ceño, una barra negra se dibujaba en el horizonte hacia el lado del Poniente, el sol brillaba poco.

Íbamos á tener viento ó agua.

Llamé al cabo Guzmán, magnífico tipo criollo, y al indio Angelito, escribí algunas cartas, les di mis instrucciones y los despaché después de asegurarme de que habían entendido bien.

Llevaban encargo especial de llegar á las tolderías del cacique Ramón, que son las primeras y de decirle que pasaría de largo por ellas, no sabiendo si al cacique Mariano le parecería bien que visitase primero á uno de sus subalternos y que al regreso lo haría.

Partieron los chasquis.