Con otro tipo mi compadre sería un árabe.

Es muy aficionado á las mujeres, jugador y pobre; tiene reputación de valiente, de manso y prestigio militar entre sus indios.

Sus costumbres son sencillas, no es lujoso ni en los arreos de su caballo.

Me habló varias veces con ternura de la madre, manifestándome el deseo de ir al Morro á visitar sus parientes.

Caiomuta es su hermano menor por parte de padre. Son enemigos. Caiomuta es rico, ladrón como Caco, borracho como Baco y malo como Satanás. Insolente, violento, audaz, aborrecido de la generalidad. Pero es fuerte, porque tiene un circulito de desalmados que le siguen ciegamente, ayudándole á perpetrar todas sus maldades.

Concluía el estudio de los rasgos fisonómicos de mi compadre, cuando se presentó San Martín.

Cambió algunas palabras en lengua araucana con aquél, y diciéndome en un aparte que tenía algo que comunicarme, se retiró.

—Hasta luego—le dije á Baigorrita, que sin dejar de picar su tabaco, me contestó : ¡adió! (los indios, como los negros, no pronuncian generalmente las eses finales), y fuí á ver qué me quería San Martín.

En cuanto me acerqué á él, me dijo:

—Señor, el hombre es un espía de Calfucurá.