—¿Y tras de qué anda?
—Viene á ver qué hace usted aquí. Allí temen que usted mueva estas indiadas contra aquéllas.
—¿Y se lo has dicho á Baigorrita ahora lo que hablaste con él?
—No, señor.
—Avísaselo, pues.
San Martín obedeció.
Yo me quedé pensando en la cautelosa previsión de Calfucurá, el gran político y guerrero de la Pampa, tan temido por su poder como por su sabiduría.
La noticia de mi arribo á las tolderías de los ranqueles, le había sido transmitida por Mariano Rosas, junto con una consulta, en su calidad de aliado por simpatía de raza.
Su contestación había sido que la paz convenía, que no vacilase en sellarla y cumplirla.