—¡Mi Coronel!

Temiendo que mi compadre quisiera hacerme las de Mariano Rosas, no contesté.

—¡Mi Coronel! ¡mi Coronel!—repitió San Martín.

—No contesté.

Acercóse entonces á la cama de uno de mis oficiales, y le dijo:

—El Coronel está muy dormido, no oye, vengo á decirle que acaban de correr á unos ladrones que andaban por robarle los caballos y que es bueno que mande más gente al corral.

Viendo que no había riesgo en darme por despierto, llamé y ordené que cuatro asistentes fueran á reforzar la ronda del corral. Y llamándolo á San Martín, le pregunté qué hacía mi compadre.

—Se está divirtiendo—me contestó.

—Bueno—le dije:—que no me vayan á incomodar llamándome.