Mariano se levantó para espantarlos gritando «¡fuera! ¡fuera!»
Yo aproveché la coyuntura para retirarme.
Entré en mi rancho, me senté en la cama, apoyé los codos en los muslos, la cara en las manos y me quedé por largo rato sumido en profunda meditación.
«He perdido el tiempo, me decía, con los ecos del espíritu. No es tan fácil explicar lo que es una Constitución, lo que es un Congreso.»
Mariano Rosas había entendido perfectamente lo que es un presidente, primero, porque tenía otro nombre, porque se llamaba Domingo lo mismo que habría podido llamarse Bartolo; segundo, porque mandaba el ejército.
Por consiguiente, resulta de mi estudio sobre las entendederas de un indio, que el pueblo comprenderá siempre mejor lo que es la vara de la ley, que la ley.
Los símbolos impresionan más la imaginación de las multitudes, que las alegorías.
De ahí, que en todas las partes del mundo donde hay una Constitución y un Congreso, le teman más al Presidente.
Algunas horas después volví á verme con Mariano.
Viéndole festivo, aproveché sus buenas disposiciones y le pedí permiso para decir una misa, al día siguiente, manifestándole el vehemente deseo de oirla que tenían muchos de los cristianos cautivos y refugiados en Tierra Adentro.