—También.
—¿Y cuál de los dos es más amigo de la Constitución?
—Los dos somos muy amigos de ella.
—¿Y el Congreso, cómo se llama?
—El Congreso... el Congreso... se llama Congreso.
—¿Entonces no tiene más que un solo nombre, lo mismo que la otra?
—Uno sólo, sí.
—¿Y es bueno ó es malo el Congreso?
—(¡Hum!)
Confieso que esta pregunta me dejó perplejo. Pero había que contestar. Hice mis cálculos para responder en conciencia, y cuando iba á hacerlo, dos perros que andaban por allí se echaron sobre un hueso y armaron una singuizarra infernal, interrumpiendo el diálogo.