—Pase adelante.

—Vamos, señor—me dijo San Martín contestando.

—Ya vamos.

Quise manear mi caballo y San Martín me dijo: todavía no.

—¿Por qué no atan los caballos?—dijo el indio.

—Vamos á hacerlo—contestó San Martín.

Y dirigiéndose á mí, me dijo: atemos, señor, los caballos y entremos.

Los atamos y entramos en el toldo.

Caniupán estaba sentado, se levantó, nos recibió con gran agasajo y nos hizo sentar.

—¿Viene á quedarse?