Galopé media hora y llegué á su toldo.
Iba á echar pie á tierra, San Martín que me acompañaba, me dijo: todavía no, señor, la costumbre es otra.
Salió un indio del toldo, y haciendo callar los perros que habían sido los heraldos de nuestra aproximación dijo:
—¡Buenas tardes, hermanos!
—Buenas tardes—contestó San Martín.
—¿No quieren apearse?—añadió.
—Vamos á hacerlo—repuso San Martín.
Y dirigiéndose á mí: ahora es tiempo, señor, apéese, me dijo.
Quise avanzar y me detuvo.
El indio dijo: