—¿Y qué, mi compadre no tiene vacas gordas aquí?—le pregunté á San Martín.

—No, señor, si está muy pobre—me contestó.

—¿Muy pobre?

—Sí, señor.

—¿Y cuánto vale una vaca?

—No tiene precio.

—¿Cómo no tiene precio?

Cuando es para comercio, depende de la abundancia; cuando es para comer no vale nada; la comida no se vende aquí, se le pide al que tiene más.

—De modo que los que hoy tienen mucho, pronto se quedarán sin tener qué dar.

—No, señor; porque lo que se da tiene vuelta.